Independientemente de las circunstancias particulares y específicas en que nos encontremos en este momento de nuestras vidas, las pruebas son inevitables. Situaciones en que solemos vernos inmersos de manera involuntaria y muchas veces repentina, pero que al fin y al cabo son una realidad que no podemos evadir. Y siendo un poco más exacto, probablemente no deberíamos ni siquiera intentarlo.
Un pasaje que me hizo reflexionar sobre esto es Marcos 1:12, el cual dice:
Enseguida el Espíritu lo impulsó a ir al desierto.
Literalmente Dios guío a Jesús al desierto para que estuviese ahí durante 40 días. Un lugar inhóspito lleno de obstáculos y retos. Que por el simple hecho de estar allí, ya implicaba riesgo y peligro. ¿Por qué Dios guiaría a un lugar como este a su hijo? Probablemente para prepararlo para lo que estaba por venir.
Hay unos cuantos puntos que notar en este pasaje que nos pueden ser extremadamente útiles para cuando nos corresponda enfrentar adversidades;
- Es Dios mismo quien nos lleva y nos guía al desierto.
- Es Dios quién nos sostiene a través del mismo.
- Es Dios quien a su debido tiempo nos saca de este.
- No hay mejor lugar en el que podamos estar, que donde Dios quiere que estemos. Aún si es un desierto.
A pesar de ser un lugar el cual por decisión propia evitaríamos, es donde podemos aprender lecciones que no aprenderíamos de otra manera. Es probable que aquello que podríamos identificar como un «desierto» para nuestras vidas, es una etapa en la que realmente nuestro carácter y corazón van a ser moldeados como ninguna otra circunstancia sería capaz de hacerlo.
Por supuesto que percatarse de esto en el momento es extremadamente difícil, pero si aprendemos a confiar realmente en que «…para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien…» (Romanos 8:28), podemos afrontar las dificultades de la vida no solo con otra perspectiva, sino con la seguridad de que tienen un propósito, y eso cambia todo.
Estoy terriblemente lejos de poder comprender esto a plenitud y aún más lejos de vivirlo como debería, pero no quiero iniciar este año sin recordarme estas verdades. Porque conforme pasen los días sé que pueden ser un refugio como ningún otro. Y creo también lo puede ser para usted.
