¿Qué significa Kárpos?

Sin lugar a dudas esa es la primer pregunta que se pueden hacer al estar leyendo esto y con toda razón ya que es un término que resulta extraño. En griego kárpos significa fruto y esta palabra la vemos en repetidas ocasiones en el Nuevo Testamento en distintos contextos.

Por ejemplo al hacerse mención sencillamente del fruto de alguna planta en específico (Mateo 21:19), de manera que en casos como este representa sencillamente el resultado natural de un proceso orgánico. Sin embargo este no es el único uso que encontramos en el Nuevo Testamento de esta palabra, en esta ocasión me voy a concentrar en el uso de este término en relación a la conducta, acciones, resultados tangibles de un proceso sobrenatural. (Mateo 3:8, Efesios 5:7-9).



22 Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, 23 mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley.” Gálatas 5:22


Acá Pablo está haciendo un contraste con lo que mencionó en este pasaje unos versículos atrás que corresponde a las obras de la carne. Refiriéndose a aquellas prácticas que llevan a cabo de manera continua las personas que no están en la fe, pero que también se pueden ver envueltos de manera ocasional aquellos que sí están en la fe, la diferencia radica en no ser una práctica habitual y característica de estos.


Ahora, tomando en cuenta de que la palabra kárpos corresponde al producto de las plantas, un proceso natural y orgánico que se da por el simple hecho de ser una planta. Podemos ver que la idea que se quiere expresar acá al usar este término es que el resultado natural y obvio del Espíritu Santo en nosotros es dar fruto el cual corresponde a las características mencionadas en el pasaje citado.

Jesús menciona al respecto;

Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.5 »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. 6 El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman. 7 Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá. Juan 15:4-7


De manera que la clave reside en permanecer en Él, literalmente estar unidos a Él. Muchas veces es frustrante ver nuestras vidas espirituales, nuestro desempeño como cristianos porque no es lo que debiese ser, no estamos dando el fruto que se supone que debemos dar, de manera que empezamos a idear estrategias que según nosotros nos van a ayudar a ser más amorosos, más pacientes, con más dominio propio y demás características, y al hacer esto dejamos de lado lo único que realmente nos puede ayudar y es permanecer en íntima y constante comunión con Dios.

Intentamos solventar el problema desde una perspectiva errónea que únicamente va a llevar a más frustración y vergüenza. Malgastamos nuestras fuerzas al intentar «arreglarnos» a nosotros mismos para ser lo que se supone que debiéramos ser, de tal forma que perdemos nuestra esperanza y motivación al no ver resultados que perduren, todo por el hecho de intentar solucionar algo de la manera incorrecta.


Para concluir esta idea hay un par de aspectos más que quiero que notemos en relación con un fruto desde esta perspectiva que he venido comentando y nos van a ayudar a comprender mejor lo mencionado;

  • Una planta no trabaja en sí misma para producir fruto, es enteramente el trabajo de alguien más o agentes externos que velan por ella y la cuidan para que a su debido tiempo madure.
  • El fruto es frágil de manera que requiere múltiples cuidados para que crezca y pueda ser disfrutado, y generalmente no se da de un día para otro.
  • El fruto no es para la planta que lo produce sino para el beneficio de otros.

Finalmente Jesús añade;

Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos.” Juan 15:8