20:24

 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

Hechos 20:24

Un pasaje que durante los últimos años me ha retado y animado es sin lugar a dudas Hechos 20:24 a tal punto que lo tengo enmarcado en el cuarto para recordarlo a diario (¡porque qué rápido olvidamos las cosas importantes!). Mi idea ahorita es compartirles algunos puntos que he aprendido y sigo aprendiendo y de este pasaje. Porque no importa cuántas veces lo lea siempre tiene algo que decirme.

Lo primero que no podemos pasar por alto de el texto es que estas son palabras de despedida del apóstol Pablo para miembros de comunidades cristianas donde él estuvo activamente involucrado, de manera que eran personas que conocía profundamente y a las cuáles se había entregado a servir con esmero con el fin de que ellos pudieran madurar en su fe.

Si leemos los versículos previos y posteriores al verso 24, es evidente el amor entrañable de Pablo por ellos y algo que diferencia esta despedida de otras es que él mismo expresa que va a ser la última vez que los vea (vs 25). Si supiéramos que vamos a despedirnos de alguien por última vez, sería inevitable no echarse a llorar y hacerle saber aquello que consideramos más importante. Aquello que aunque pase el tiempo necesitamos y anhelamos que sigan teniendo presente y es ahí donde tiene lugar el versículo 24.

Inicia con la siguiente afirmación; «Pero de ninguna cosa hago caso», dando a entender según el contexto que no tiene idea de qué le podría llegar a pasar por dirigirse hacia Jerusalén. Sabe que lo más probable es que eso conlleva a consecuencias graves en cuanto a su integridad física ya que no iba a ser bienvenido. Pero está convencido de que es lo que tiene que hacer. La determinación que él tiene en cuanto a llevar a cabo lo que se le ha encomendado es algo admirable. Su deseo por ser obediente era mayor a cualquier miedo que estuviese de por medio. De manera que menospreciar las consecuencias que podría implicar ser obediente o íntegro (sea en el área que sea) es definitivamente un buen norte al cual apuntar. Así que una buena pregunta para empezar es ¿Estaríamos dispuestos a ser obedientes o íntegros aún si esto implica consecuencias para nosotros mismos?

Pablo continúa su discurso agregando; “Ni estimo preciosa mi vida para mí mismo». Esta parte me fascina y me impacta. Pablo no dice que su vida carece de valor en sí misma. Pero que si fuese para cumplir con sus propios deseos o metas (las cuales están probablemente empapadas de egoísmo y vanidad) es cuando empieza a carecer de sentido. Consideraba su vida preciosa si era para una meta más grande que sí mismo, le daba literalmente sentido que su paso acá en la tierra tuviese un propósito eterno. Lo que me hace preguntarme ¿Qué le da valor a mi vida? ¿Es algo que puedo perder? ¿Qué voy a hacer si lo pierdo?

Una idea que nos podría ayudar a profundizar en estas preguntas es lo que dijo Jim Elliot en relación con su propia vida y la vida eterna:

No es un tonto el que da lo que no puede conservar, para ganar lo que no puede perder.

Seguidamente añade; «Con tal de que acabe mi carrera con gozo». Uno puede terminar una carrera con gozo cuando se encuentra satisfecho de los resultados logrados. Pero qué agobiante es cuando uno termina una carrera o actividad y el primer sentimiento que nos invade es «pude haberlo hecho mejor». Actualmente tenemos el chance de terminar nuestra «carrera»(entiéndase como propósito o meta en nuestras vidas) con gozo y el resultado va a depender enteramente de lo que hagamos el día de hoy. El tiempo, esfuerzo y empeño que dediquemos a poder crecer y madurar en cuanto a lo que perseguimos como meta. No lo que pensemos implementar para mañana, tampoco lo que hicimos ayer, pero lo hacemos hoy.

Finalmente Pablo concluye dando a conocer cuál es esa razón por la cual está dispuesto a ser obediente a cualquier precio. También desvela cuál es esa carrera que menciona y estas ideas que elaboró previamente corresponden a » dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios». El mensaje por el cual él estaba dispuesto a sufrir cualquier tipo de calamidad era que hay esperanza para cualquier persona por medio de la fe en Jesús. O como el mismo expresa; «Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.» (1 Tim 1:15)

Termino esta serie de ideas con una frase de Timothy Keller:

Si no vives para Jesús, vivirás para algo más. ¿Serán suficientes esas cosas? ¿Morirían por ti?

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